viernes, 31 de julio de 2009

¡Los calentadores también trabajan en verano!

Hace poco he descubierto que el calentador de mi casa, en verano, quiere trabajar más de la cuenta. Supongo que pensará que para el poco trabajo que tiene, quiere darle calor al gas.

Todas las mañanas me levanto a las 9.20. Bueno, mentira, al final acabo levantándome a casi las 10.00. Desayuno y en ese momento es cuando el calentador empieza a despertarse y a prepararse para no hacerme caso.

Una vez en la ducha, pongo el agua al principio un poco más caliente y luego algo más fresquita, porque con este calor que hace en verano en Madrid no hay quien pare. Pues ahí es cuando el calentador empieza a escupir agua más caliente de lo que debería.

¡ Con lo bien que sienta el agua fresquita en verano! Él en sus trece y más largo que ancho, por mucho que ponga el mando regulador de la temperatura del agua más fría,
es como si hubiera un señor metido dentro que gritara ¡ Agua va, pero algo más caliente!

Cierro la ducha y los gritos del señor desaparecen.

sábado, 25 de julio de 2009

Desértico

El calor hace estragos. Las teclas se convierten en pinchos de cáctus y las páginas cibernéticas en campos desérticos con mucha tierra seca.

Hace tiempo que no llueve en mi blog.

lunes, 25 de mayo de 2009

Verdades como puños

Ayer paseando por atocha con una amiga, una de muchas personas que se te acercan al día para pedirte dinero o algo de comer nos reclamó su atención.

Su aspecto era desaliñado. Miraba en el escaparate de unos chinos un bollo de crema con ganas. Tenía hambre. Su cara y sus palabras eran sinceras. Una sinceridad aplastante:

" Si sólo quiero algo de comer, no pido dinero. Llevo todo el día sin comer nada".

No tenía ni dentadura. Se notaba que las drogas habían hecho en él un efecto devastador. Nos enseñó hasta un carnet como prueba de que estaba ya desintoxicado. Era de un programa de metadona para gente con problemas de drogas.

Entró en los chinos con nosotros y le compramos el bollo que decía y un yogur líquido para que tomara algo de leche. Eso también le gustaba.

Le dimos la bolsa y le estuvimos preguntando que si necesitaba ropa, dónde dormía... Nos dijo que le habían intentado quemar y que hace poco le habían quitado todo lo poco que tenía. Estuvo comentando que le conocían en un bar de ahí al lado.

" Si preguntas por mí, me conoce. Sé que puedo pedirle un bocadillo y me lo da. Pero cuando hay gente hay que tener respeto. Sé que me quiere mucho".

Al final acabamos dándole dinero de tantas cosas que nos contó. Cuando le puse las monedas en su mano pone una cara extrañada y me dice:

- " ¡Pero si no le he pedido dinero!".
- " Cómprese algo caliente".
- " Gracias, así lo utilizaré para comprarme mañana algo para desayunar"

Nos dio un abrazo con tanta fuerza y energía que nos estremecimos. El pulso se aceleraba y su voz temblaba de la emoción.

Se despidió dándonos las gracias y diciéndonos cómo nos iba a recordar.

" La parejita"

sábado, 23 de mayo de 2009

Frases del día

- Los silencios hablan con palabras mudas.

- Tienes 5 minutos para decidirte, si no puede que otro lo haga por ti.

- A veces lo que ocurre en la vida son como surcos que se quedan grabados en la piel de los brazos, de las manos o en el corazón

lunes, 18 de mayo de 2009

jueves, 30 de abril de 2009

Relato de Sicilia II

(...)

Justo después de salir por la puerta del hostal, buscamos algún sitio para comer. Empezamos a andar y nos recorrimos bastantes calles, hasta que dimos con un sitio para comer unos tozos de pizza y un poco de focaccia. Lo suficiente para meter un poco de energía al cuerpo y poder seguir andando por las interminables calles ruinosas y ruidosas del casco antiguo de la ciudad. Donde los olores a comida y a suciedad se mezclaban, provocando un estallido de sensaciones.

Una vez llenado el estómago con álgo de comida y con bastante cansacio ya. Anduvimos durante unas cuantas horas por muchas partes del casco antiguo. En esta parte me falla un poco la memoria, pero si no estaba lloviendo ya, como si lo estuviera... Porque el tiempo nos acompañó durante el viaje. Nos persiguió la lluvia y no nos dejó ni un descanso. Pero con esa lluvia vimos otra cara de Sicilia. Una cara que no dejaba indiferente a nadie, entre gestos de cabreos por tener los pies y los bajos de los pantalones mojados y paisajes con niebla que parecían sacados de una película de intriga-terror. Al fondo parecía oírse incluso una banda sonora propia:

!Una tarantela!

http://www.youtube.com/watch?v=HLZJ4t0PUqY

(...)

lunes, 27 de abril de 2009

Relato de Sicilia I

Hola a todos,

Perdonad por mi ausencia todo este tiempo, pero he estado de viaje en Sicilia una semana. Me ha venido bien para airearme un rato y despejarme. Aunque cuando vuelves te das cuenta (más si cabe todavía) de que la vida, los problemas y todo en general se afronta cara a cara y viajar sólo supone un alto en el camino para seguir progresando.

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Había nervios la noche anterior, son de estos momentos que la emoción te puede y las ganas de llegar te hacen estar despierto. El avión salió sin retraso a primera hora de la mañana. Ni siquiera había salido el sol. Pero el aeropuerto era un hervidero de gente esperando sus destinos. Unos nerviosos, otros dormidos, pero todos con la vista puesta en otro sitio.

Creo que fui el único que dormí todo el vuelo sin mover un músculo. Desperté justo antes de que aterrizara el avión.

La primera sensación que recorrió mi cuerpo cuando puse un pie en Palermo fue como si me encontrara en una ciudad Marroquí. La estación de tren se parecía demasiado a la de Casablanca y la costumbre de colgar la carne dentro de furgonetas con las puertas abiertas también confirmaba esa sensación que tuve.

Caminando por sus calles de camino al hostal, el caos del tráfico no dejaba indiferente a nadie. Los edificios dejaban ver una ciudad antigua con historia. El paso del tiempo y la polución hacen mella en cada esquina. Entonces fue cuando mi segunda sensación afloró: ¿estaba en Cuba? El aire decadente de la ciudad es el encanto de esta ciudad. Pero no, una vez más el idioma que se escuchaba por la calle me quitó esa idea de la cabeza.

Llegamos al hostal después de dar unas vueltas y perdernos por calles ruidosas y llenas de gente. El trato era agradable, la habitación estaba limpia, pero todo era viejo y bastante decadente. Dejamos las maletas, desansamos 5 minutos y nos apretamos los cordones de las zapatillas preparándonos para conocer la ciudad...

(Continuará)